He perdido el historial de mis operaciones: cómo reconstruirlo para declarar
Especialistas en fiscalidad de criptoactivos en España
Es el problema más común y el menos tratado. No es que la gente no quiera declarar: es que compró en 2017 en un exchange que ya no existe, cambió de correo en 2019, perdió el móvil con el 2FA en 2021 y ahora quiere vender y no tiene ni idea de lo que pagó.
Y sin coste de adquisición no hay cálculo posible. La ganancia es valor de transmisión menos coste, y si el coste no se puede probar, la carga de la prueba es tuya: el artículo 105 de la Ley General Tributaria pone en quien invoca su derecho la obligación de acreditar los hechos. En el peor escenario, la Administración calcula sobre un coste que no has demostrado y tributas por el importe íntegro de la venta.
La buena noticia es que casi siempre se puede reconstruir bastante más de lo que parece. Estas son las ocho vías, en orden de rentabilidad del esfuerzo.
Y un aviso previo para quien todavía sí tiene acceso: exporta el histórico hoy. El cierre de la ventana transitoria de MiCA el 1 de julio de 2026 dejó a varias plataformas fuera del mercado europeo o con la operativa restringida —el caso de KuCoin es el más claro—, y una cuenta a la que ya no puedes entrar convierte un trámite de dos minutos en el trabajo de reconstrucción que describe el resto de este artículo.
1. El derecho de acceso del RGPD
Es la vía más desconocida y la más potente. El artículo 15 del Reglamento General de Protección de Datos te da derecho a obtener del exchange todos los datos personales que tenga sobre ti, y tu histórico de operaciones lo es. La entidad tiene un mes para responder, ampliable a tres, y responder es obligatorio.
Funciona con plataformas que ya no te dejan entrar, con cuentas cerradas y con exchanges que han abandonado el mercado europeo. Un correo al delegado de protección de datos —la dirección suele estar en la política de privacidad— pidiendo expresamente el ejercicio del derecho de acceso del artículo 15 del RGPD, con el histórico completo de operaciones, depósitos y retiradas, obtiene respuesta mucho más a menudo que un ticket de soporte.
Además, los proveedores sujetos a normativa de prevención de blanqueo deben conservar la documentación diez años. Esa obligación juega a tu favor: los datos existen aunque tu cuenta esté cerrada.
2. Tus datos fiscales de la AEAT
Descarga los datos fiscales de cada ejercicio en la sede electrónica. Desde que existen los modelos 172 y 173, la Administración recibe saldos y operaciones de las plataformas con presencia en España, y parte de esa información aparece ahí.
No te dará el cálculo, pero sí fechas, plataformas y magnitudes. Sirve también para lo contrario: comprobar qué sabe Hacienda antes de presentar. Y con la DAC8 desplegándose desde 2026, la cobertura es europea.
3. Los extractos bancarios
Tu banco conserva los movimientos de los últimos años. Cada transferencia o pago con tarjeta a un exchange es la prueba de una entrada de dinero: fecha e importe en euros exactos.
Esto no te dice qué compraste ni a qué precio, pero acota el problema con dos datos duros. Combinado con el precio histórico del activo en esa fecha, permite una reconstrucción defendible: se sabe cuánto dinero entró y cuándo.
Las transferencias SEPA salientes de un exchange son igual de útiles para el otro lado.
4. Tu correo electrónico
La mina más infravalorada. Busca por remitente y por palabra clave: nombres de exchanges, "order filled", "confirmación de compra", "deposit", "withdrawal", "verificación". Casi todas las plataformas mandaban confirmación de cada operación o, al menos, resúmenes periódicos.
Revisa también spam, archivados y cuentas de correo antiguas. Si usabas un correo que ya no existe pero conservas el acceso al dominio, merece el intento.
5. Los exploradores de blockchain
Para todo lo que salió de un exchange hacia autocustodia, o entre monederos, la cadena tiene el registro completo y permanente. Con una dirección tuya obtienes cada transacción con su fecha, su hora y su importe exactos, y muchos exploradores muestran el valor en euros de aquel momento.
Esto resuelve el movimiento, no el precio de compra original: un envío de 0,5 BTC a tu Ledger prueba que tenías ese bitcoin, no lo que pagaste por él. Aun así, fija cantidades y fechas, que es la mitad del trabajo.
Y sirve para lo más importante: distinguir tus transferencias internas de las transmisiones reales. Confundirlas es lo que infla las ganancias en la mayoría de los cálculos hechos con prisa.
6. Capturas, apps y dispositivos viejos
Los backups del móvil, las capturas de pantalla en la galería, la app del exchange en una tablet que sigue con sesión abierta, un ordenador antiguo con la carpeta de descargas intacta. Suena a rebuscar, y lo es, pero un CSV de 2018 en una carpeta olvidada resuelve un año entero.
7. Los administradores concursales
Si el exchange quebró —el caso de las plataformas que entraron en procedimiento de insolvencia—, los administradores del concurso publican portales de reclamación con el saldo reconocido a cada acreedor. Ese documento es prueba de tenencia y de valoración, y sirve además para el tratamiento de la pérdida por quiebra.
8. Las contrapartes
En operaciones P2P, el chat de la plataforma y el justificante de la transferencia entre particulares son la única prueba que hay. Recupéralos antes de que la plataforma cierre el histórico de conversaciones.
Qué hacer con los lotes que no logres documentar
Llega un punto en el que has agotado las fuentes y sigue faltando algo. Tres opciones, de mejor a peor:
Estimación razonable y documentada. Reconstruye el coste con el precio de mercado del activo en la fecha que sí puedes acreditar —por el extracto bancario, por la transacción en cadena— y deja constancia escrita del método: qué fuente usaste, qué precio, por qué. Una estimación coherente y documentada es defendible en una comprobación; una cifra sin respaldo, no.
Coste cero. Es el criterio conservador: tributas por el importe íntegro de la venta. Pagas más de lo que te corresponde, pero cierras el riesgo. Tiene sentido cuando el importe es pequeño y el esfuerzo de reconstruirlo no se justifica.
No declarar. No es una opción. Con las informativas cruzando datos, es el camino directo a una liquidación con sanción. Una declaración con un coste estimado y documentado siempre está en mejor posición que una ausencia de declaración.
Un matiz importante sobre el orden: como el FIFO se aplica sobre el conjunto de tus unidades del mismo activo, los lotes más antiguos son los que salen primero. Justo los que peor documentados están. Prioriza el esfuerzo de reconstrucción por antigüedad, no por importe.
Cómo evitar volver a estar aquí
- Descarga el histórico completo de cada plataforma ahora, no cuando lo necesites. El día que un exchange cierra o restringe el acceso, ya es tarde.
- Guarda los CSV en dos sitios distintos, uno de ellos fuera del ordenador de casa.
- Anota las direcciones de tus monederos con una etiqueta que diga cuáles son tuyos. En dos años no te acordarás.
- Haz la descarga en enero, con el ejercicio recién cerrado.
- Consolida en una sola herramienta, para no depender de que cada plataforma siga existiendo.
El atajo
CriptoHacienda importa por API o por CSV desde los principales exchanges, detecta las transferencias entre tus propias cuentas para no contarlas como ventas, valora en euros con el tipo de cambio histórico de cada operación y aplica FIFO sobre el conjunto de tus plataformas. Los huecos que queden los puedes completar con operaciones manuales, con el coste que hayas podido acreditar.
Empezar por importar lo que sí tienes suele reducir el problema a dos o tres lotes antiguos. Es mucho más manejable que una hoja de cálculo en blanco.
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