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Declaración e IRPF

Play to earn: por qué lo que ganas jugando tributa más caro que una venta

Por Equipo editorial de CriptoHacienda·Publicado el 22 de septiembre de 2026··6 min de lectura

Especialistas en fiscalidad de criptoactivos en España

El jugador de un título web3 tiene una intuición razonable y equivocada: «esto son criptomonedas, así que pagaré el 19 %». Es la idea que circula en todos los foros de play to earn, y es la que produce la sorpresa más cara de la Renta.

Las recompensas de juego no van a la base del ahorro. Van a la base general, a la escala del IRPF, que arranca por encima del 19 % y puede superar el 45 % sumando el tramo autonómico. Para entender por qué hay que separar tres momentos que la mayoría mezcla.

Momento 1: la recompensa que todavía no vale nada

Muchos juegos reparten puntos, cristales, energía o monedas internas que no se pueden sacar del juego. No son transferibles, no cotizan en ningún sitio y no tienen comprador.

Un activo que no puede transmitirse ni tiene mercado no tiene valor de mercado que imputar. No hay renta. Es el mismo criterio que aplicamos a los puntos de los protocolos de restaking: el saldo de una temporada no es renta mientras siga siendo un número dentro de una base de datos privada.

La renta nace cuando ese saldo se convierte en algo que sí puedes vender.

Momento 2: el token aterriza en tu monedero

Cuando el juego te acredita un token transferible con precio observable —o te entrega el NFT que puedes listar en un mercado—, ahí sí hay renta, y la calificación es la incómoda.

No estás cediendo capital a nadie, así que no es un rendimiento del capital mobiliario. No hay staking ni préstamo. Y no estás transmitiendo nada, así que tampoco es una ganancia derivada de transmisión.

Lo que queda es una ganancia patrimonial no derivada de la transmisión de elementos patrimoniales, y esas van a la base imponible general. Es exactamente el tratamiento que damos a los airdrops y los forks: entra por la puerta cara.

Se valora por el valor de mercado en euros el día en que el activo está a tu disposición, y ese mismo importe pasa a ser su coste de adquisición para el futuro.

Tres consecuencias prácticas:

  1. Tributas aunque no vendas. El token puede caer un 90 % en enero y tú habrás declarado el valor de diciembre.
  2. Tributas aunque solo juegues los fines de semana. No hay mínimo exento por ser aficionado.
  3. No es un premio de juego. No hay retención del 19 % como en un sorteo ni la exención de los primeros 40.000 € de las loterías: eso es otro régimen, el de los premios de juegos regulados, y un juego web3 no lo es.

Momento 3: vendes el token o el NFT

Aquí sí entras en la base del ahorro. La venta genera una ganancia o pérdida patrimonial derivada de transmisión, calculada contra el valor por el que imputaste la recompensa en el momento 2.

Y como muchos juegos permiten cambiar directamente el token del juego por una stablecoin o por ETH, conviene recordar que una permuta tributa igual que una venta: se valoran las dos patas en euros. Lo desarrollamos en cambiar una cripto por otra tributa.

Si el token se hunde y lo vendes por debajo de lo que imputaste, la pérdida es real y se compensa, pero con un matiz que duele: la renta del momento 2 fue a la base general y la pérdida del momento 3 va a la del ahorro. No se compensan entre sí libremente. Está explicado en cómo compensar pérdidas de criptomonedas.

Los NFTs del juego tienen sus propias reglas

Comprar el personaje, la parcela o el arma es adquirir un NFT, con su coste de adquisición y sus comisiones. Venderlo es una transmisión. Alquilarlo a otro jugador —los famosos alquileres de personajes— genera un rendimiento por la cesión del derecho de uso.

Y hay una capa de IVA que el jugador aficionado no tiene, pero el que compra y vende de forma habitual sí puede tener: la venta de NFTs se considera una prestación de servicios por vía electrónica, al tipo general del 21 % cuando actúas como empresario o profesional. El detalle está en cómo tributan los NFTs y en cuándo se aplica el IVA a las criptomonedas.

Las becas de gremio: dos contribuyentes, no uno

El modelo de scholarship fue lo que hizo famoso al sector: un gremio compra los NFTs caros, se los cede a un jugador que no puede pagarlos y reparten las ganancias.

Fiscalmente hay dos personas distintas:

  • El becario recibe una parte de las recompensas a cambio de su tiempo y su trabajo. Si la dedicación es organizada y sostenida, eso se parece mucho más a un rendimiento de actividad que a una ganancia patrimonial, con la obligación de alta que eso implica.
  • El gremio o gestor ordena medios materiales —los NFTs— y humanos —los becarios— para intervenir en el mercado. Eso es actividad económica con todas sus letras: alta censal, epígrafe de IAE, base general e IVA.

La frontera es la misma de siempre y la tratamos en cuándo el trading pasa a ser actividad económica: lo decisivo no es cuánto ganas, sino si hay ordenación por cuenta propia de medios de producción.

Qué guardar durante la temporada

El histórico de un juego web3 es el peor de todos los históricos: cientos de microabonos diarios, en tokens con poco mercado, sin exportación decente y con el servidor del juego como única fuente. Y cuando el juego cierra —cierran muchos— la fuente desaparece.

Tres hábitos que salvan la declaración:

  1. Captura el saldo y el precio el día de cada reclamación, no al final del año.
  2. Guarda las direcciones de los monederos del juego: si están en cadena, el histórico es reconstruible aunque cierre el servidor.
  3. Separa lo reclamado de lo acumulado: lo que sigue dentro del juego y no puedes sacar no es renta todavía.

Si el juego ya cerró y el histórico se perdió, la vía está en cómo reconstruir un historial de operaciones. Y si el token se quedó a cero sin llegar a venderse, en cómo declarar un token sin valor.


CriptoHacienda imputa cada recompensa por su valor en euros del día, la separa de las ventas posteriores y mantiene el lote para que la ganancia de la venta no vuelva a gravar lo que ya declaraste.

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